martes, 10 de enero de 2012

¿ÁNGEL O DEMONIO? …

Hace unos días, después de una placentera e interesante reunión de antiguos compañeros de profesión alrededor de una mesa redonda en casa de mi gran amigo el chef Juan Carlos Puig el cual nos conjugó la creatividad y la copiosidad de la cena, acabamos hablando de peluquería intensamente. Toda esa mezcla hizo que me marchara a dormir tarde y tal vez fue lo que me transportó a tener una pesadilla más cerrar los ojos en la habitación del hotel.

Fue un sueño horrible, hasta el punto que cuando lo recuerdo siento un frío intenso que me recorre todo el cuerpo y me inmoviliza durante unos instantes. Soñé que tenía una peluquería pequeña, en una calle estrecha, en un barrio periférico de una gran ciudad y que pertenecía a ese gran grupo de autónomos con uno, dos o ningún empleado que la administración se empeña en llamarlos empresarios. Mi salón tenía muchos años de andadura y donde la inversión de mantenimiento y renovación había sido escasa, y los precios habían tenido una política de supervivencia. Todo para unas clientas fieles y maravillosas que me visitaban puntual y semanalmente, y a las cuales yo les debía respeto y agradecimiento. Me ofrecían seguridad económica, el sustento de mi negocio y de mi familia. Compartíamos unos de los milagros de la vida: el poder ir envejeciendo juntos.

De pronto sentí una gran sequedad en la boca que me llevó a medio despertar. Seguramente fue culpa del vino de la cena, el Tempranillo mezclado con Syrah que tomamos, tal vez un poco en exceso, me produjo este percance que resolví bebiendo agua y quedando de nuevo dormido al instante.

Sin saber cómo, estaba de nuevo sumergido en mí sueño. Como cada mañana fui a abrir la peluquería y dentro estaban todas mis clientas fijas semanales, capitaneadas por las más antiguas. Sus actitudes corporales, como sus expresiones faciales, me empezaron a dar miedo: la señora María me gritaba con una voz ronca y un volumen estridente porque había subido el servicio más de un euro y empezó a arrancarme gran parte de mis cabellos; la señora Carmen me arrancó dos dientes porque este mes la había hecho esperar dos veces; la señora Jordà me extraía un riñón con su propia mano porque la semana pasada no le duró el peinado; la señora López me sacaba el corazón de cuajo porque cuando la peinaba a veces me distraía y hablaba con otras clientas. Yo, ya en el suelo, vi como mis clientas fijas semanales se me abalanzaban y me comían trozo a trozo. Yo, que había dado toda mi vida por ellas: comuniones, bodas, domingos, fiestas de guardar, dedicación, sumisión, psicología, confesión,… Tal vez esa fuera mi última reflexión antes de desaparecer entre todas mis clientas fijas semanales.


Noté que el sudor empapaba todo mi cuerpo y gracias a ello pude despertarme y salir de esa horrible pesadilla. En esos momentos, no sabía distinguir entre los ángeles de la primera etapa o los demonios de la segunda.

Yo viajo semanalmente por toda España escuchando y compartiendo los problemas de profesión y, en todas partes, al final, son los mismos. Llego así a la conclusión que unos de los males de la pequeña peluquería en este país es la clienta fija semanal. Porque no nos deja crecer, no nos deja subir precios, no podemos dejar un día el salón, no podemos crear equipos porque nos quieren en exclusiva y no aceptan a nadie del exterior. Se creen las amas de tu negocio y muchas veces de tu propia persona.
La solución es crear peluquerías técnicas donde prive la calidad a la cantidad. Dejemos las grandes masas para las grandes empresas, ellas seguro que sabrán sacarles rentabilidad. Nosotros, los pequeños, debemos ser peluqueros de autor para recibir una clientela urbana y cosmopolita. Entonces podremos empezar a cobrar un precio real para una supervivencia digna.

Mi agradecimiento a mis demonios. Sra. María, Sra. Carmen, Sra. Jordà, Sra. López, y tantas otras, porque gracias a ellas pude empezar a caminar en este mundo de la peluquería. Gracias a los que me ayudaron a tener el valor de ir eliminándolas poco a poco y dar la bienvenida a mis nuevos ángeles, porque gracias a ellos soy una persona valorada, cotizada y feliz de ser lo que soy: “un peluquero".

Julián Gijón

jueves, 8 de diciembre de 2011

FELIZ NAVIDAD

 
           
 Hoy miraba mis apuntes en una libreta de hojas blancas bastante desgastada por el múltiple uso a la que la tengo sometida. En ella apunto pequeñas cosas que me pasan durante el día, que recopilo y suelo leer como parte activa de mi memoria con el fin de que ello me ayude a plasmar mis experiencias cotidianas. Hoy me he dado cuenta de que estoy escribiendo el último artículo del año. Sí, sí, es Diciembre. En un momento he percibido la rapidez y la intensidad con la que ha pasado este año. Mi libreta está casi a punto de explosionar. Tiene palabras que solo yo sería capaz de descifrar, tachones que dañarían la visión de cualquier persona desordenada, faltas de ortografía de una gravedad que traspasa las leyes del salvajismo lingüístico... Pero, ¡qué puñetas!, es mi libreta, mi espacio privado, mi pequeña memoria complementaria, y de ahí nacen mis artículos, mis frases y mis pensamientos. En ella, a veces soy feliz, a veces estoy triste. En ella, canto a la vida, a veces también lloro, a veces eufórico y, he de confesar que en ocasiones, algo melancólico, aunque, con toda seguridad, los instantes positivos ganan por goleada a los negativos.

            Aún así, espero haberos transmitido a lo largo de este año muchas palabras, mensajes, consejos...

Enero: “El éxito es muchas veces nuestro peor enemigo


Febrero: A partir de ahora el talento personal, y no la cultura del pelotazo, marcarán el rumbo de nuestro país y de nuestro sector


Marzo: Crear equipos con una nueva filosofía


Abril: No quiero seguir viviendo en la impotencia de ver una realidad que no me hace feliz


Mayo: Pongámonos a trabajar e instalemos en nuestras mentes el androide de la estimulación creativa


Junio: Son testigos impasibles del abandono prematuro y del fracaso educativo que nos envuelve como una culebra de grandes dimensiones


Julio - Agosto: Licencia para matar. Licencia para innovar. Licencia para crear


Septiembre: Necesitamos experimentar y, lo más importante, publicar y compartir. He ahí el secreto


Octubre: En definitiva, estar preparados para poder afrontar con éxito la nueva peluquería del siglo XXI


Noviembre: “¿Pensáis que habéis acabado? ¡NO!.Si pensáis eso, ahora vendrá vuestra decadencia


Diciembre: No, hoy mi frase no va dirigida hacia vosotros. Creo que por este año ya está bien. Mejor que la última reflexión del año la haga cada uno internamente después de analizar su propia  trayectoria personal y profesional.

            Hoy, mis últimas frases van dirigidas a pequeñas notas de mi libreta. A amigos y compañeros que en este año nos habéis dejado un poquito más solos. Son palabras escritas con dolor y tristeza. Palabras que se convierten en sentimientos, y sentimientos en palabras. Donde nada cabe, solo la desesperación de sentir que ya no compartirán tu vida física y cotidiana. Lo siento, pero no puedo por menos que ser egoísta al pensar que con los años dicen que te haces más sabio, pero también te vas quedando más solo.

            Jua..... pil....Lin....ko.. o.... U ..... a.... A..... Perdonadme que no ría. Perdonadme que aún tenga rabia, que no entienda que vosotros seguís estando aquí... que me duela la Navidad.

            Por vosotros. Por todos... FELIZ NAVIDAD


             Julián Gijón
            Asesor  Creativo - Artístico de Kin Cosmetics

viernes, 4 de noviembre de 2011

LA PELUQUERÍA DE LAS EMOCIONES


            Al acabar la cena-coloquio —a la cual fui en calidad de contertuliano— y después de debatir intensamente sobre mis puntos de vista ante un numeroso grupo de profesionales,  noté que algunos me escuchaban atentamente demostrando admiración por mis palabras —lo notaba por el agrandamiento de sus ojos y por el movimiento afirmativo de sus cabezas— y otros lo hacían con cierta reticencia —tal vez pensaban que era un esnob o un pequeño fantasma—.  La verdad es que no era mi pretensión provocar ninguno de los dos efectos. Aunque, como pecador en la vanidad  y currante nato de mi profesión, prefiero conseguir lo primero a lo segundo.
            Para finalizar mi intervención les dije: el año se nos está acabando y lo único real y firme que sabemos a estas alturas sobre la economía de nuestros salones es que “este año, con toda seguridad, será mejor que el que viene”.  No penséis, ni por un momento, que esta frase es un alegato al pesimismo o un clamor a la derrota de las esperanzas y de las ilusiones. No, por supuesto que no, sino todo lo contrario. El ser conscientes de la situación nos hará reaccionar con la energía necesaria para poder seguir marcando una buena ruta para nuestros negocios.

            De los que no han hecho los deberes profesionales, personales y económicos de su salón «hoy no toca (hablar)» —célebre como triste y famosa frase puesta de moda por un político de nivel nacional—. Ellos han elegido el camino fácil y amplio de la no menos célebre «dejémosla ver venir». Aunque si son capaces de sobrevivir al envite socioeconómico del próximo año, siempre serán bienvenidos a la primera y única liga en la que, actualmente, juega la nueva peluquería del siglo XXI.
            Hoy mi reflexión va dirigida a los que sí han hecho los deberes con mayor o menor precisión —les comenté a todos los participantes de la cena-coloquio—. ¿Se han dado cuenta de que es el único y primer camino para sobrevivir en esta jungla de pelos, piojos, tendencias y nuevas técnicas?
             ¿Pensáis que habéis acabado? ¡NO!... Si pensáis eso, ahora vendrá vuestra decadencia. Felicidades, estáis en línea de salida. Esto no es más que el principio. La carrera promete ser larga y angosta. Pero, ¿alguien dijo que esto sería fácil? Una vez llegado a este punto de entendimiento, nos llega una de las primeras soluciones: la peluquería de las emociones. Convertir nuestro espacio de trabajo en un lugar sensorial es, sin lugar a dudas, el siguiente paso para que nuestros mensajes sigan avanzando en la senda del éxito y que así marquemos la diferencia con nuestros competidores más inmediatos.
              Tacto, olfato, audición, visión y gusto. Desarrollar los cinco sentidos en nuestro espacio de trabajo será la nueva clave para la nueva peluquería de las sensaciones. 

            ¿Queréis pasar conmigo al lado sensorial de nuestra mente?...
            CONTINUARÁ…

            Julián Gijón
            Asesor artístico-creativo de Kin Cosmetics

martes, 11 de octubre de 2011

CAMINO A LA ESPERANZA

             
   Bruselas, 10/03/2009

                Con el acuerdo tomado en esta fecha el IVA reducido al sector de las peluquerías, que nos beneficiaba temporalmente hasta finales del 2010, pasó a ser permanente. El ECOFIN (Consejo de Asuntos Económicos y Financieros de la UE) llegaba a este acuerdo. Éste fue posible tras vencer las reticencias de países como Alemania o Dinamarca y gracias a la buena gestión realizada por nuestra representación política encabezada por el ex ministro Pedro Solbes. Supieron con gran acierto hilar y tejer los difíciles entresijos de los pasillos políticos europeos.
                Para que todo esto fuera posible y que nuestros políticos defendieran nuestros intereses en Europa muchos fueron los que lucharon por hacer llegar esta propuesta al escenario político. Gremios, asociaciones y colectivos de casi todas las comunidades autónomas de España. He de confesar que yo, personalmente, estuve entre ellos como presidente del GPIC intentando poner mi granito de arena en aquella lucha de intereses económicos.

                Yo, idealista, pensador, soñador, luchador por la innovación, intuía en esos momentos que tal hecho podría ser una gran solución para la micro-peluquería de nuestro país. Tener una reducción del impuesto del valor añadido, y para siempre, nos permitiría inversiones para la mejora de nuestros salones y tener más recursos para prepararnos a nivel empresarial, técnica y artísticamente. Poder mirar de cara a cara a nuestros colegas europeos en poco tiempo. En definitiva estar preparados para poder afrontar con éxito la nueva peluquería del siglo XXI.

                
Han pasado ya varios años de aquella lucha y he de confesar que ahora me cuestiono si fue una buena decisión. Creo que la idea de tener un IVA reducido para nuestro sector no se ha aprovechado como realmente se pretendía. O como pretendíamos los ilusos soñadores e idealistas que pensamos con una visión plural y de conjunto. El argumento político para conseguirlo se basó en que nuestro sector donde la mano de obra es uno de los puntales importantísimos para el desarrollo de nuestro oficio. No quiero decir que dicho argumento no sea cierto pero ni eso hemos sido capaces de hacer: tener unas plantillas donde imperara el razonamiento y la visión de futuro de nuestros negocios. 

               
Hoy existen infinidad de micro-peluquerías en nuestro país dirigido por personas resentidas de cómo fueron tratados en sus empresas. Donde la palabra «jefe» o «jefa» aun suena con tono despectivo. Hemos confundido la palabra gestionar con la de controlar y eso ha matado la admiración mutua inherente para que la colaboración en equipo sea plausible. Aun tenemos como prioridad que un buen sistema informático funcione más contra el posible fraude de nuestros empleados que con la propia gestión de nuestro salón. De preocuparnos con excesivo celo de sus tiempos en los servicios que realizan. De pensar en qué pasaría si nosotros no estuviéramos allí para controlar... Y mil ejemplos más que ahora no citaré pero que todos sabemos. Con ello destruimos la creatividad de nuestro equipo de trabajo y convertimos nuestras empresas en una especie de comisaria donde se enquista su crecimiento y finalmente muere.

                No podemos dejar que ese virus contagie nuestro espacio de trabajo, ni que todos paguen el mismo precio de un mal colaborador. Todo es tan fácil como creer en él o despedirlo. Erradicarlo cueste lo que cueste.

                Siempre a lo largo de la historia de la humanidad lo más difícil de conseguir ha sido un buen líder y a ello me remito cuando a mi mente llega una frase del cantar del destierro del Mio Cid a la entrada de Burgos:
                ……… Y de los labios de todos sale la misma razón:
                ´´ ¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor! ´´……….

Julián Gijón
Asesor artístico-creativo de Kin Cosmetics