domingo, 30 de mayo de 2010

LA CLIENTA BOOM

Conchita, Rosa, Rosario, Merche, Inma, María, Carmen, Josefa, Isabel, Ana María, Paqui, Pilar, Loli,… Cualquiera de ellas, habitualmente, nos visitan en nuestros salones. Son unas generaciones de mujeres seguras de sí mismas; preocupadas por su peso; obsesionadas con su imagen; luchadoras natas de las canas de las sienes y los frontales; enemigas acérrimas a los michelines barrigueros; incondicionales de las cremas milagro planchadoras de las arrugas faciales; admiradoras del bisturí; enemigas de los pechos caídos; fans de las redes sociales; adictas al pelo liso y melena pija; coleccionistas de zapatos; descubridoras del fondo de armario; reinas de las mechas rubias; especialistas en tarjetas visa, Master Card  y American Express; pero sobre todo humanas; madres; cosmopolitas; contemporáneas en constante renovación; feministas y femeninas; independientes; trabajadoras dentro y fuera de casa; inteligentes, audaces y seductoras. Si, muy seductoras. Son nuestras clientas ´´´BABY  BOOM´´´´.

Es la generación que más visitas ha generado a nuestros salones, más color se ha puesto, más dolores de espalda ha creado a los trabajadores de peluquería de tanto estirar sus cabellos y ha sido testigo de la evolución de nuestra profesión. Ha sido la que ha contribuido a la creación de la micropeluquería en nuestro país. Gracias a su frecuencia semanal a nuestros salones, haciéndonos líder en visitas por año en Europa, han aportado una importante suma económica a nuestras cuentas de explotación. Aunque a veces las tierras firmes al final también se pueden convertir en movedizas y embullirnos sin darnos cuenta.
´´LOS TIEMPOS CAMBIAN Y LA MENTALIDAD DE LA GENTE TAMBIEN´´
“Explosión de natalidad” es la expresión castellana equivalente en inglés por todos conocido como “BABY BOOM”. Se intensificó en nuestro país a partir de los años 50 y se prolongó durante todo el franquismo hasta 1975, momento en el que la natalidad comenzó un declive muy acentuado siendo éste el año líder en nacimientos en nuestro país. Miserablemente, nos vemos arrastrados por una crisis económica y de valores sociales en la cual todos hemos contribuido en mayor o menor medida. Se han roto los moldes de vida establecidos durante muchas generaciones y un nuevo concepto de vida está llegando a nosotros. No debemos pensar ni esperar que esto cambie porque es una nueva realidad social de cambio generacional, creo que necesaria, en la cual tenemos el privilegio para los más audaces y el infortunio para los más conformistas de ser espectadores de primera fila.
El “BABY BOOM” sigue en la calle consumiendo y viviendo. Su concepto ha cambiado y su mentalidad, en poco tiempo, nos descubrirá que “o reinventamos de nuevo nuestra profesión o mejor instalemos un huerto de tomates en nuestros espacios de trabajo”. Sus hábitos están cambiando como tsunamis que nos arrastran mar adentro a la velocidad de un huracán. Si fuimos capaces de darles durante tantas décadas lo que necesitaban ahora no debe de ser menos.
Y… ¿sabéis por qué? Porque los peluqueros de este país también somos “BABY BOOM” y cuando colegas de otros países me preguntan cómo es capaz de sobrevivir la peluquería española, yo les contesto - ¡SOMOS SUPERVIVIENTES!

CORTADORES DE CABELLERAS


Los grandes espíritus inspiradores de fabulas. Testigos mudos de múltiples generaciones. Accionistas de sueños, miedos y esperanzas del ser humano. Iluminados del sol, la luna y las estrellas nos dejan relatos del ayer que muchas veces inspiran el presente.
La peluquería de este país también, como no, tiene su San Benito o su fábula real o ficticia. Algo presente a diario en nuestros salones para una gran parte de nuestros clientes es el hecho de que nos perciban como CORTADORES DE CABELLERAS. Nos acusan, creo que por tradición, de lo que nos gusta córtales el cabello y de lo corto que se lo dejamos aunque sus longitudes sean largos, muy largos o cortos.

Lo que nuestras  clientas, tal vez, no saben es que quién más corto ha cortado el cabello a lo largo de la humanidad fueron los indios del oeste americano. Estos sí que apuraban la forma craneal, dejando ángulos y líneas faciales al descubierto, sin complejos ni miramientos y encima sin preguntar ni discutir midas con el cliente.
Unamos nuestras fuerzas y convoquemos a nuestros espíritus o a nuestros demonios para acabar con este maleficio de cortadores excesivos del cabello de nuestras clientas.

Tribus del desierto: Apaches, Navajos, Zunis,…
Tribus de las praderas: Pies negros, Comanches, Sioux, Cheyenne,…
Jefes indios: Toro Sentado, Caballo Loco, Nube Roja, Jerónimo,…
Unámonos en la guerra  y combatamos la gran batalla.
O bien si esto de hacer la guerra nos da un poco de palo o vagancia pongamos remedio y soluciones para que estos comentarios, vacios en su contenido en muchas ocasiones aunque justificados en otras, dejen de existir.
Cuando al profesional le falta técnica en el corte, algo básico para la realización de un buen estilo, es el principio de nuestro fracaso. Tanto iguala las secciones al calcular las midas a ojo de buen cubero que de las midas demandadas a las que realmente nos quedan nada tiene que ver. Diferente será si utilizamos una buena técnica controlando una mecha guía referente con el ángulo deseado. Demostraremos a nuestra clienta que cortamos los que nos demanda no lo que nos sale.
Por primera vez un estudio de una importante casa comercial da como resultado que el corte de cabello es superior en nuestro país en demanda que el servicio de color en nuestros salones. Lo que demuestra que el futuro de la peluquería española, como muchos veníamos vaticinando hace años, está en el corte de cabello.
La micro peluquería de este país o bien nos ponemos la pluma india en la cabeza o empezamos a valorar el nuevo cambio social en el cual estamos sumergidos dándole la importancia que se merece a la libertad de movimiento de los cabellos de nuestros clientes. Así que tribus del desierto, tribus de las praderas, grandes jefes indios, espíritus de guerras y batallas, de fábulas y “San Benitos”, empecemos a conquistar la confianza y la valoración de nuestras clientas con la adquisición de buenas técnicas de trabajo y estando actualizados al máximo cada día
Los que pierdan esa batalla o incluso piensen  que esto no les atañe -¡Felicidades!- por que seguirán siendo miembros de ese grupo en vías de extinción que se hacen llamar… los CORTADORES DE CABELLERAS.

martes, 30 de marzo de 2010

El sillón parlanchín

HISTORIAS PARA NO DORMIR DE LA PELUQUERÍA CONTEMPORÁNEA

El sillón parlanchín

Primera parte

Muchos culos se han sentado sobre mi estómago tapizado de color azul. Ciertamente os diré que aunque parece piel, no lo es. Es poli piel, y da el pego. Con un simple trapo con agua me limpian aunque entre los recovecos de los pliegues os confesaré que guardo restos de pelos muy diminutos y partículas de lacas dosificadas de hace mucho tiempo.
Ni contaros de los apuros que paso con el acero inoxidable de mis patas, ya que nunca consigo que me tengan brillantes, y es que ahora no me limpian como antaño. ¡Aquello sí que era limpieza! Me frotaban tanto que hasta gusto me entraba. Pero por suerte o desgracia desaparecieron los aprendices de las peluquerías. ¿Y qué queréis que os diga? Ahora todo el personal de esta peluquería tiene título: champunier, colorista, recepcionista, estilista, y un montón de –istas más, ¡que yo me hago la palanca un lío! Y palabra, que lo veo bien y que incluso he ganado en prestigio. Yo, un sillón.
Aunque no puedo dejar de echar de menos aquellas generaciones de aprendices. ¡Pobres, sin horario ni casi sueldo!, y encima me tenían como una patena de limpio. Ahora los –istas, su principal objetivo del día es acabar a la hora justa, ¡y así cómo voy a estar yo brillante y lustroso!
Pero que torpe soy… llevo diez minutos hablando y aún no me he presentado. Soy el sillón que está en el segundo tocador entrando por la derecha. Os diré con orgullo que soy el preferido de Julián, y uno de los sillones más antiguos de su peluquería, aunque es mejor no hablar de años ya que es algo espinoso y motivo de miles de conversaciones que yo soporto de su diestra boca y nunca ha soltado prenda de los sillones que ha conocido.
Comparto espacio con once sillones más y nuestra convivencia dentro del salón no es fácil, ya que cada uno somos de una tapicería diferente. Eso sí, todos del mismo color, aunque tiempo tendré de presentaros a cada uno de ellos.
Este año pasado gracias a un curso que hice, de esos del fondo de la seguridad social que son gratuitos pero se pagan y nadie hace aunque las empresas de formación intentan llenarlos y nunca lo consiguen, he aprendido a manejar el ordenador y ya sé escribir. Pues ese mismo. Ningún –ista quería ir, así que me mandaron a mí. ¡Vaya subidón¡ se me ponen los pliegues de punta al pensar cuando llegué con mi título bajo el brazo y todos los sillones me miraban con cara de envidia, seguramente sana, no diré que no, pero envidia al fin y al cabo del esfuerzo ajeno.
El caso es que este año os explicare todo lo que pasa por aquí y todo lo que escucho de fuera, como todos los entresijos de los culos que recibo. Ahora os tengo que dejar, son las siete y media de la tarde y los –istas ya se marchan y me apagan las luces. Esta hora, cuando acaba el día, es la más eficiente. No sé si os pasa a vosotros. Es el momento en que no hay retraso en ningún sillón. Todos los trabajos se acaban a la hora prevista.
Además ahora cuando nos quedamos todos los sillones solos empezamos las clases de canto y música. Julián con tal de no pagar el nuevo impuesto revolucionario de los derechos de autor, nos va a poner a todos a cantar. Aunque este tema os lo contare con más detenimiento en el próximo número. Continuará…

Feriantes

Aún recuerdo, hace muchos años, cuando esperábamos con autentica emoción la llegada de estos importantes eventos. Era el momento de las novedades de descubrir nuevos métodos de trabajo tanto técnicos como artísticos. Londres, Nueva York, Madrid, Barcelona, Paris…., eran mis citas preferidas como la de miles de profesionales. Nadie podía, si quería estar al día, perderse estas manifestaciones de moda.
En aquellos días, donde el móvil ni internet eran claves en la configuración de nuestra vida cotidiana, estos acontecimientos eran imprescindibles para el desarrollo de nuestra profesión. Llego el mundo globalizado y la tierra dejo de ser redonda y se convirtió en plana. Unida por cientos de cables invisibles que consiguieron conectarnos unos a los otros. La información y las noticias, desde cualquier parte del mundo, nos llega al instante y en fracciones de segundo. Solo con conectarnos a la red y navegar hacemos la pregunta que queremos saber obteniendo la respuesta a nuestras inquietudes, dudas ó simplemente curiosidad.
Los peluqueros de este país, en los últimos años, nos quejamos de que Las ferias de nuestro sector han bajado considerablemente su calidad. Después del esfuerzo, económico y de tiempo, que conlleva asistir a un evento de esta índole. Nos venden un producto donde nos hacen sentir que será la solución para estar a la última de todos los avances de nuestra profesión como en tiempos pasados.
Y nosotros caballeros andantes, defensores de los rizos y pelos sin dueño, ahí estamos como ejércitos disciplinados, madrugadores, haciendo colas, rellenando formularios ,buscando un lavabo en pasillos interminables, donde próstatas y vejigas ponen su fortaleza a prueba como Jabatos en plena lucha de subsistencia, buscando un café caliente servido en vaso de cartón que sabe a plástico……….Y al acabar el día, con nuestras manos llenas de bolsas abarrotadas de publicidad que nunca leeremos –Nos diremos a nosotros mismos. ´´ Valla tomadura de pelo´´.
Los espacios de peluquería cada vez más escasos dan paso a múltiples lugares de ventas de baratijas y mercadillos ambulantes donde se mezclan, bolsos con muñecos con jabones con velas con calzoncillos con bragas con fajas con extensiones con extensiones y con extensiones…….Nosotros atónitos ante tal espectáculo nos preguntamos.- ¿ y el ganado para cuando?.
Señores feriantes, reinventemos las ferias con un plus de originalidad, maestría y profesionalidad. Donde los nuevos valores de la peluquería tengan un espacio para manifestar su creatividad. Ó a lo mejor, es que este formato ya no tiene razón de existir. Simplemente se ha agotado. Bien por razones sociales ó bien porque queremos estrujar cada día más, a la que fue, la gallina de los huevos de oro.