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jueves, 8 de julio de 2010

¡ QUE INVENTEN ELLOS !

Decían de ella que tenía un color rojo como el final de una llama en perfecta combustión. De sus mantos surgían dos largas plumas recubiertas de una fina capa de oro brillante como el Sol imitando la forma de una cresta. Vivía en los desiertos de Arabia planeando su vuelo como una experta águila. La sombra de su silueta dejaba el dibujo de una garza estilizada y orgullosa de su figura; leyenda mitológica. Símbolo de la inmortalidad, ya que morir para ella era renacer y crearse a sí misma.

Bonita leyenda, la que nos deja la historia del mito del Ave Fénix. Dante, Quevedo… tantos literatos de todos los tiempos que la retoman en los escritos de infinidad de libros, patrimonio de nuestra cultura y herencia de todo nuestro saber.

Muchos son los profesionales de este país, con los que hablo habitualmente, que piensan que nuestro sector no tiene una salida muy airosa del actual sistema financiero que nos azota cada día más en nuestras cuentas de explotación de nuestras peluquerías. Pesimismo, resignación… ante la temida pregunta de qué hacemos, qué vendrá, qué somos… Yo creo con toda firmeza que nunca ha habido tantas posibilidades de resurgir y que los progresos sean, por fin, una realidad en nuestros negocios. No podemos seguir creyendo que la micro-peluquería de este país vivía con dignidad social y económica: más bien lo hacía abocada, sin remedio, al País de Nunca Jamás.

La crisis es un desafío hacia el reto de la supervivencia. Es dónde nace la creatividad y todo ello nos traerá, sin lugar a dudas, progresos. No caigamos en el error de echar la culpa de nuestros fracasos a la coyuntura económica actual y busquemos soluciones.

Reinventar nuestros negocios. Reinventarnos a nosotros mismos. Marcar la diferencia, por pequeña que sea, con nuestros competidores. Tener claro que la época en que nuestros clientes nos compraban los servicios, acabó. Ahora hay que venderlos. Hay que guardar las estadísticas pasadas y empezar de cero. Para todo ello no nos queda más remedio que morir y renacer como el Ave Fénix. ¿Os imagináis qué reto tan impresionante resurgir de las cenizas?

No pretendamos que las cosas cambien si sólo nos lamentamos o siempre hacemos lo mismo. En este momento, más que nunca, tenemos que hacer crecer nuestros negocios y, hacedme caso, el camino no es bajando precios. Sólo el bando perdedor actúa así.

Pensad que tenemos la nueva temporada con nuevas colecciones a la vuelta de la esquina. Al verano ya le queda poco y una nueva ilusión nos espera tras este merecido descanso que en breve podremos disfrutar. Rompamos con esa imagen de que somos un país que está acostumbrado a copiar todo lo que nos viene de fuera para, así no derrochar demasiado esfuerzo.

Seamos como el Ave Fénix, que se renace de sus propias cenizas para poder volver a volar, vivir, crear… y desterrar para siempre esa lapidaria expresión de Miguel de Unamuno: “¡Que inventen ellos!”.

martes, 30 de marzo de 2010

El sillón parlanchín

HISTORIAS PARA NO DORMIR DE LA PELUQUERÍA CONTEMPORÁNEA

El sillón parlanchín

Primera parte

Muchos culos se han sentado sobre mi estómago tapizado de color azul. Ciertamente os diré que aunque parece piel, no lo es. Es poli piel, y da el pego. Con un simple trapo con agua me limpian aunque entre los recovecos de los pliegues os confesaré que guardo restos de pelos muy diminutos y partículas de lacas dosificadas de hace mucho tiempo.
Ni contaros de los apuros que paso con el acero inoxidable de mis patas, ya que nunca consigo que me tengan brillantes, y es que ahora no me limpian como antaño. ¡Aquello sí que era limpieza! Me frotaban tanto que hasta gusto me entraba. Pero por suerte o desgracia desaparecieron los aprendices de las peluquerías. ¿Y qué queréis que os diga? Ahora todo el personal de esta peluquería tiene título: champunier, colorista, recepcionista, estilista, y un montón de –istas más, ¡que yo me hago la palanca un lío! Y palabra, que lo veo bien y que incluso he ganado en prestigio. Yo, un sillón.
Aunque no puedo dejar de echar de menos aquellas generaciones de aprendices. ¡Pobres, sin horario ni casi sueldo!, y encima me tenían como una patena de limpio. Ahora los –istas, su principal objetivo del día es acabar a la hora justa, ¡y así cómo voy a estar yo brillante y lustroso!
Pero que torpe soy… llevo diez minutos hablando y aún no me he presentado. Soy el sillón que está en el segundo tocador entrando por la derecha. Os diré con orgullo que soy el preferido de Julián, y uno de los sillones más antiguos de su peluquería, aunque es mejor no hablar de años ya que es algo espinoso y motivo de miles de conversaciones que yo soporto de su diestra boca y nunca ha soltado prenda de los sillones que ha conocido.
Comparto espacio con once sillones más y nuestra convivencia dentro del salón no es fácil, ya que cada uno somos de una tapicería diferente. Eso sí, todos del mismo color, aunque tiempo tendré de presentaros a cada uno de ellos.
Este año pasado gracias a un curso que hice, de esos del fondo de la seguridad social que son gratuitos pero se pagan y nadie hace aunque las empresas de formación intentan llenarlos y nunca lo consiguen, he aprendido a manejar el ordenador y ya sé escribir. Pues ese mismo. Ningún –ista quería ir, así que me mandaron a mí. ¡Vaya subidón¡ se me ponen los pliegues de punta al pensar cuando llegué con mi título bajo el brazo y todos los sillones me miraban con cara de envidia, seguramente sana, no diré que no, pero envidia al fin y al cabo del esfuerzo ajeno.
El caso es que este año os explicare todo lo que pasa por aquí y todo lo que escucho de fuera, como todos los entresijos de los culos que recibo. Ahora os tengo que dejar, son las siete y media de la tarde y los –istas ya se marchan y me apagan las luces. Esta hora, cuando acaba el día, es la más eficiente. No sé si os pasa a vosotros. Es el momento en que no hay retraso en ningún sillón. Todos los trabajos se acaban a la hora prevista.
Además ahora cuando nos quedamos todos los sillones solos empezamos las clases de canto y música. Julián con tal de no pagar el nuevo impuesto revolucionario de los derechos de autor, nos va a poner a todos a cantar. Aunque este tema os lo contare con más detenimiento en el próximo número. Continuará…