domingo, 6 de junio de 2010

DE CINE


AUTOR: MIQUEL FARRIOL
LECTURA: JULÍAN GIJÓN
(2ª lectura la Gargola Impasible en el acto de COPA COMERÇ)
Fundido a negro y The End. Los violines acompañan a unos créditos interminables seguidos de agradecimientos que nadie lee, entre otras razones, porque soy el único espectador que ha asistido a la sesión.
En la puerta un simpático cartel prohibía la entrada a perros, pero no decía nada sobre espectadores o gárgolas. Y allí estaba yo, mas solo que nunca, sentado en la primera fila con las pupilas apunto de explotar demorando el momento de levantarme del asiento.

No me apetecía volver al quiosco, el dueño llevaba días en estado catatónico haciendo cábalas sobre su futuro. El negocio no marcha, y no parece que vaya a mejorar.

? ¿Y tú que harías? - Me pregunta, lívido de espanto, conocedor de antemano de mi respuesta.
? ¡Joder!, abandona.
? ¡Vete a la mierda, gárgola cabrona!

Me maldice aun a sabiendo que siempre le contesto lo mismo. Y yo me río a mandíbula batiente mientras ojeo la revista GADGET con las últimas locuras en tecnología de bolsillo, a cual más caprichosa.

Cuando compré el tiquet para ver la peli pensaba que tendría que abonar dos butacas, pues aunque puedo replegar las alas, estas, ocupan lo suyo. Pero la joven taquillera me dijo que no importaba. Total, iba a estar solo.
Tras dos horas de película, una sala para ciento cincuenta espectadores, sistema de luces, acomodador, cámaras, aíre acondicionado, mantenimiento y limpieza y muchísimos metros cuadrados de espacio vacío, las luces volvían a dar sentido a aquella desolación. — Otros que van contra corriente — Me dije, mientras abandonaba la sala de proyecciones aturdido por lo absurdo de aquel enorme montaje del que era único testigo.

Recordé entonces que hacía un par de noches acompañe a mi benefactor a una reunión un tanto insólita, donde comerciantes de diversos sectores y pequeños empresarios se encontraron en un bar musical para intercambiar impresiones sobre estos tiempos tan difíciles. Teniendo en cuenta que la mayoría no se conocía, la verdad es que el ambiente estuvo de lo más animado y pronto se organizaron distintos grupos de contertulios que se dejaban llevar y aportaban sus ideas, sus temores y algunas propuestas.
Los organizadores del evento no cesaban de “conectar” a los diferentes grupitos realizando presentaciones y animando a los asistentes a conocer más a fondo al resto de participantes.
Como todo estaba aderezado con un frugal catering y consumiciones a precio especial, la reunión tomo un cariz festivo y los asistentes confirmaron que lo habían pasado bien y que estarían encantados de volver, como estaba programado, el próximo mes.

Como siempre, el quiosquero, estaba metido en el follon de organizar todo aquello y también se sentía satisfecho, pues uno de los asistentes le ofreció contactar con ciertos miembros del Parlament de Catalunya. Nada serio, nada concreto, pero sí alentador ya que, de hecho, ya están tramitando los protocolos para traer de invitado a uno de esto Vips de la política a la segunda edición del COPA COMERÇ, que es como han bautizado a estos encuentros.

Lo que sí estaba claro es que las oportunidades hay que buscarlas, que los giros y cambios que da la economía te pueden pillar “en bragas” mientras te lamentas o puedes dejarte llevar por la corriente hasta aguas más tranquilas, aunque esto conlleve sacrificio, peligro y dedicación.
Los miedos se superan enfrentándose a ellos, nunca escondiéndose bajo la cama. Por esa razón conviene que salgáis de vuestros agujeros, os dejéis ver y al mismo tiempo conozcáis otras realidades para absorberlas. Seguro que desde ese mismo momento los mecanismos de vuestro cerebro se engranan de diferente forma. Aprendiendo.

La sinergia entre diferentes sectores de la economía son un campo por explorar y las últimas tendencias del marketing nos llevan por ese camino. Compartir para crecer, para evolucionar, para estar atento a las oportunidades y, llevado a terrenos más prosaicos, compartir para abaratar costes, para fortalecerse ante proveedores, para crear nuevas tendencias y adelantarse a los acontecimientos.

Aquel era el espíritu de COPA COMERÇ, vamos, lo que los eruditos llamarían NETWORKING y que alguien definió de manera magistral como – HABLAR DE TRABAJO, SIN TRABAJAR, Y SIN NINGUNA INTENCION DE HACERLO – (En realidad esta frase la extraje de las viñetas de una tira cómica).
Conviene estar atento y no esperar a que nadie resuelva vuestros problemas. Pedir socorro no sería necesario si hubieseis aprendido a nadar, pero os limitasteis a haceros los muertos y, como flotabais, fue fácil conformarse.
Ahora llega la tormenta y dando pobres brazadas solo conseguís chapotear sin rumbo en este mar de confusión. Que nadie se engañe por más tiempo, el sector se hunde como si llevara plomos atados al cuello y solo permanecerán a flote los más previsores, los que buscan, los que están dispuestos a cambiar. Lo triste es que esas virtudes están al alcance de todos, pero hay que estar predispuesto y dar ese paso al frente que tanto os cuesta y incorporar a vuestras rutinas nuevas perspectivas, que solo surgirán si buscáis la oportunidad ampliando vuestras opciones, en ocasiones, lejos de vuestra especialización.

En el próximo evento de COPA COMERÇ puede que tengan un invitado que dé prestigio a esta locura y eso ha sido posible porque buscaron la oportunidad, la persiguieron y finalmente la provocaron.

Mientras dejaba a tras la sala de proyecciones un taciturno azafato me entregó un folleto donde se anunciaba la retransmisión de un partido de fútbol en sus instalaciones. ¡Vaya sorpresa! Pero, el fútbol y el cine ¿no eran enemigos irreconciliables?

Las oportunidades existen. Seguro que si le ponéis imaginación las cosas os irán de cine.

¡HUY!.. ¡QUE MIEDO!


AUTOR: MIQUEL FARRIOL
LECTURA: JULIÁN GIJÓN
(1º lectura de La Gárgola Impasible, en el acto de COPA COMERÇ)
Al contrario de lo que yo creía, los humanos, tienden a agruparse y a formar parte de familias donde apoyarse. Por si solos, son débiles e insignificantes y es imposible que una voz sobresalga de entre las demás. No sin el soporte de un colectivo que la elija como portavoz.

A veces hay actitudes que destacan y que hacen desmoronar costumbres que parecían inamovibles. Y lo digo porque cerca de aquí, en esta misma calle, esta pasando algo que mantiene en vilo al sistema asociativo de la ciudad y produce terror en los despachos del consistorio.

La verdad es que es algo tan sencillo que resulta pueril por su simplicidad.

En ese lugar, un pequeñísimo grupo de comerciantes de los sectores más variopintos, se han agrupado para trabajar en un proyecto nacido de la necesidad.

Si repasamos la historia veremos que siempre existieron gremios, asociaciones, sindicatos y colectivos y los comerciantes creaban su propios mercados donde ofrecer una mayor oferta y así recibir más afluencia de compradores. En las ciudades, diferentes comercios aúnan esfuerzos para montar campañas conjuntas que llamen la atención de los paseantes, pero la cosa se complica cuando la ciudad es, digamos, razonablemente grande, pongamos doscientos cuarenta mil habitantes, y por lo tanto sus dimensiones urbanísticas hacen que la mayoría de promociones se diluyan o solo sean perceptibles en zonas reducidas, sin ninguna proyección real sobre los consumidores. Eso lo saben los comerciantes que pagan de su bolsillo los gastos de producción de los eventos, entidades como La Cambra de Comerç, la Regiduría de Comerç del Ayuntamiento y el Direcció de Comerç de la Generalitat. Y lo saben porque camuflado con una sudadera y gafas de sol, acompañé al quiosquero en todas sus visitas a los despachos donde se cuecen las normas que regulan, permisos y subvenciones.

Si soy yo quien les asusta, puedo entenderlo, después de todo soy un ser del inframundo. Lo que no entiendo es porque se ponen a temblar cuando el quiosquero y sus compinches exponen lo que están haciendo. En todos esos santuarios, del poder económico, se echan las manos a la cabeza, no se si por incredulidad o porque ven venir un alud de trabajo.

Todos esos especialistas no pueden evitar entusiasmarse con la idea pero son incapaces de enfrentarse a lo que se les viene encima y siempre acaban lavándose las manos, aunque en petit comité alientan a los emprendedores a seguir por el mismo camino. Eso si, sin su ayuda.

En el fondo, solo es miedo a la competencia, a perder apoyos políticos, a ser el primero.

En una ciudad como esta, con los años, se han formado diferentes asociaciones, algunas pequeñas y desestructuradas, otras con un gran número de asociados. Otras en el centro histórico, unas pocas, aunque importantes, en ciertos ejes donde existe concentración de establecimientos y todas financian sus actividades a base de cuotas y derramas, más las subvenciones de organismos públicos. Esto provocaba un ejercicio de confusión en el momento de repartirse el territorio y de otorgar subvenciones a proyectos ridículos y abocados al fracaso. Así que se reorganizaron para formar una federación ¡ALELUYA! Aquello liberaba, a los verdaderos organismos gestores de la economía, de decisiones incomodas y mucho, mucho trabajo. En lugar de estudiar una veintena de propuestas, ahora solo tenían que negociar en términos generales.

Si las asociaciones estaban federadas quería decir que ya tenían interlocutor y por lo tanto, representante, lo que facilitaba mucho las decisiones. Ahora ya solo había un presupuesto que la federación administraría y repartiría.

Pero seguía existiendo un problema del que nadie se percato. Los miembros de la junta que formaban la federación, lejos de ser auténticos gestores, también pertenecían a otras asociaciones vinculadas a sus propios negocios y por tanto a sus propios intereses y bajo ese prisma pronto afloraron rencillas, autoritarismos y falta de eficacia.

Entonces ¿Dónde estaba el problema? Se habían echo todos los pasos para que el sistema funcionara, pero era un verdadero desastre. Podría ser que el autentico fallo estuviese en el concepto, en la base.

Por lo que yo he visto, vosotros, humanos, sois tan egoístas como nosotros, que podemos enzarzarnos en crueles combates por defender el callejón donde cazamos. Igual que hacéis en vuestras ciudades marcando territorios y fronteras. Acotando espacios y compitiendo entre vosotros. Tendríais que daros cuenta de que las ciudades son organismos vivos que se reinventan y transforman y que los clientes solo son fieles a sus intereses.

Todo era un engaño, el hecho de crear entidades que aúnen esfuerzos solo tiene sentido si se trabaja en un único proyecto. De lo contrario todo es una farsa. Y los que lo consienten, con el dinero público, unos irresponsables.

Una idea tan sencilla que asusta. Pero el quiosquero y sus secuaces siguen aferrados a su propuesta y poco a poco otros comerciantes se interesan por su discurso. Las entidades que se habían librado de responsabilidades corretean por los pasillos hablando en voz baja de aquellos tarados que van de listos y han roto todos sus esquemas. Comentan el poder de convicción de un discurso llano y eficaz. El derecho a la libre elección. A la abolición de fronteras. A la valentía ante la competencia.

Estos descerebrados predican que no importa en que barrio tengas el negocio ya que pertenecen a la ciudad y por tanto pueden aliarse con quien les apetezca, este donde este ubicado el establecimiento.

Trabajan bajo una misma marca, que esperan que con el tiempo les de el prestigio y dignifique sus negocios y ponen en manos de profesionales la gestión, el marqueting, la logística bajo una sola directriz. Somos parte importante de la ciudad y queremos que se sepa.

El desapego es el primer paso para avanzar, desprendiéndose de perjuicios.

Los amigos de mi amigo se plantaron en la Generalitat y con toda la chulería del mundo le dijeron a la actual Directora de Comerç que estaban hartos y que ahora harían las cosas a su manera y que el departamento de Justicia de la Generalitat les daba el consentimiento. Desde ahora se abolían los territorios y la necesidad de posesión y se daba carta blanca a la libertad empresarial de aquellos benditos autónomos. Nadie restringiría sus movimientos ni volvería a limitar sus expectativas.

Y así, sin pedir permiso, dejan que el virus de aquella locura arraigue en cualquier punto de la ciudad y siguen promulgando el potencial de la unión.

El resto de asociaciones, empecinadas en conservar su trocito de ciudad, no se dan cuenta de que se consumen en la endogamia y así le siguen el juego a las instituciones de las que dependen.

Hay mucho que contar, muchas conversaciones entre bastidores que sacar a la luz, pero habrá tiempo para eso y mucho más

miércoles, 2 de junio de 2010

NÓMADAS DEL ASFALTO

Hoy al despertar pude recordar, cosa que no siempre es posible, el sueño que había planeado por mi subconsciente hasta hacía pocos minutos. Volaba sin alas. Mi cuerpo, exento de peso, se elevaba a la voluntad de mis más íntimos deseos. Mis ojos con un campo de visión infinito, que no dejaban de asombrarme por lo nítido y expansivo del territorio, eran capaces  de procesar en milésimas de segundo secuencias humanas y de objetos. Me permitían desnudar los deseos de los individuos que circulaban entrecruzados y en direcciones opuestas en una ciudad donde los amos y señores de ideas y sueños eran nómadas que confluían como pequeñas sombras en el asfalto de sus calles.
Dicen que cuando estás en ese subconsciente una parte de tu celebro se activa. El hemisferio izquierdo deja de ser dominante, el más racional, y se activa el derecho, el más irracional. Ése es el que te permite crear, el que te aporta las ideas, el que te conduce a la locura de la creación, el que estimula que se despierte en cada individuo su grado de genialidad, el que te libera para seguir soportando que el mundo te mire como algo raro y que sigan pensando que solo eres pretencioso, egocéntrico y vanidoso, que solo buscas fama y reconocimiento social. Y si es así,…¡¡pasa algo!!
Gracias a las personas que utilizan y desarrollan esta parte del estado hipnótico cerebral, abandonando la fácil tarea de regirse por lo establecido de la parte racional, nuestros museos están llenos de pinturas, esculturas,… Nuestras ciudades visten edificios singulares que marcan sus personalidades, la creatividad es escupida en cualquier lugar y en cualquier rincón del planeta por personas como tú, como yo, como vosotros, como ellas. Solo hay que mirarlas, asimilar que la locura parte de lo irracional y que no hay racionalidad coherente sin un toque de locura.
Recordáis, tan solo por mentar a un colectivo, ¿qué eran nuestros cocineros hace tan solo veinte años? Ser cocinero era algo sucio, duro y sin prestigio social. Hoy quiero hacer referencia a un cocinero que nunca asistió a una escuela de hostelería. Empezó fregando platos y acabo haciendo temblar a los fogones. Es nombrado por la revista Time en el 2004 como una de las cien personas más influyentes del mundo o lo hacen Doctor honoris causa de la Universidad de Harvard. Hoy considerado el mejor cocinero del mundo. Cuando se le pregunta el porqué de su éxito contesta que él cree en su propia revolución.
Sabe que pasará a la historia porque un día decidió utilizar y explotar su otra parte del cerebro y abandonar su parte racional. Genio, vanidoso, egocéntrico… ¡Qué más da!, lo importante es que es un referente en la nueva cocina nacional e internacional y ha llenado e imantado  de prestigio y de ganas de crear a todo un colectivo que necesitaba despertarse recordando ese último sueño que siempre nos trae el subconsciente a la media realidad del nuevo día.
Yo sigo esperando que nuestro sector, los peluqueros de este país, encontremos el sueño que nos saque de lo racional y nos introduzca en esas milésimas de segundo del mundo irracional. Donde las genialidades se conviertan en ideas y las ideas en armas que revolucionen la nueva peluquería del siglo XXI.
Por eso no me canso de gritar - ¿¿Dónde estáis “NÓMADAS DEL ASFALTO”??....

martes, 1 de junio de 2010

EN LA TRINCHERA


AUTOR: MIQUEL FARRIOL
LECTURA: JULIÁN GIJÓN

Apostado en el campanario, tenia la mejor atalaya para observar la planicie que se extendía bajo su sombra. Desde allí, cualquier movimiento que se produjera en la trinchera, cavada a unos cientos de metros, no le pasaría inadvertida y solo, al caer la noche, la oscuridad protegería a los que allí resistían,

Ya hacía días que mantenían aquel pulso. Los unos, apretujados como conejos en su madriguera, intentando mantener la posición y el vigía del campanario, alerta ante cualquier movimiento. Sus órdenes eran claras. Disparar a quien se atreviese a sacar la cabeza de la trinchera.

Aquel día, un cielo brumoso acompañaba al sol que se ocultaba tras las colinas y el soldado del campanario, agudizó sus sentidos y tenso la mandíbula. Su experiencia en guardias como aquella le decían que, en contra de lo que se podía pensar, aquel era el mejor momento para su particular "caza". Cuanto más negra era la noche, mejor, y solo faltaban unas horas para la luna nueva.

En sus largas vigilias le daba vueltas a aquella situación, y no lograba entender porque los soldados que se atrincheraban en el llano, cometían cada noche, el mismo error.

Y sin embargo ahí estaba otra vez.

Un diminuto punto luminoso, apenas perceptible, fluctuaba en el borde de la fosa. Era como una estrella lejana que apenas revelaba su existencia emitiendo un destello leve y fugaz, pero que marcaba una posición concreta, una referencia a donde apuntar el cañón de su fusil.

El veterano tirador, apretó los labios mientras ajustaba la mirilla de su arma y se acomodó la culata en el hombro. Apretó con delicadeza el gatillo y un trueno lleno de ecos la llanura.

Al instante, la pequeña lucecita desapareció y la oscuridad volvió a ser completa.

Él, sabía que sus probabilidades de acertar, con su disparo, eran mucho mayores en aquellas condiciones que a plena luz del día y aunque no se sentía feliz haciéndolo, era su misión y una lucha por su propia supervivencia, así que solo aprovechaba la ventaja de que disponía y actuaba en consecuencia.

El tímido destello duraba, lo que dura un fósforo y servía para dar lumbre a más de un soldado. Así, agrupados alrededor de la llama, aprovechaban la cerilla para encender varios cigarrillos al mismo tiempo, ya que casi habían acabado con sus existencias.

Aquella acción tan sencilla requería una difícil decisión pues no solo se trataba de ponerse de acuerdo en el momento en que debían encender sus pitillos, también debían estar preparados para ser un blanco fácil, pero ante situaciones desesperadas, donde lo único que importa es el presente, aquellos hombres, decidían compartir el riesgo y tentar a la fortuna.

En lo alto del campanario, su enemigo, paciente, esperaría ese momento y apuntando al centro del destello, sus probabilidades de acierto se multiplicaban por tres o cuatro. Una más por cada hombre que se atrevía a compartir la llama. Dispararía a bulto, y el proyectil cruzaría en unos segundos la planicie al encuentro del soldado a que estaba predestinado.

Incluso en momentos como aquellos, cuando el peligro era tan evidente, los hombres se agrupaban para compartir y aquello tenía algo de hermoso. Ante la dificultad, ante el dolor y el miedo algo dentro de ellos les hacía agruparse. Haciendo piña, alrededor de una llama temblorosa.

Aquella batalla, un día, terminaría. Y los supervivientes volverían a casa a recomponer sus vidas. El francotirador, olvidada su arma en un rincón, se integraría con sus semejantes con la lección bien aprendida y una perpleja admiración hacia el resto de los hombres.

Cuanto más difícil es el momento. Cuanta mayor es la escasez, las personas, más comparten su energía y demuestran más capacidad de trabajo. En esa unión, capaz de reconstruir sobre ruinas nuevas catedrales y hermosas ciudades, late una de la mayores virtudes que puedan tener los seres humanos y de la que dependen, por completo, para su supervivencia.

Trabajar en equipo, apoyándose unos con otros. Buscar objetivos comunes y aprovechar el flamear del fósforo, por breve que este sea, para acercarse a sus semejantes y ponerse a tiro de la fortuna, tiene riesgos, pero también da apoyos, lazos de los que sacar provecho.

Hoy, el campo de batalla es un prado falto de agua, una tierra cada vez más yerma que apenas da cosecha y aunque los tiempos de tanques y bombardeos pasaron, otra lucha despiadada se desenvuelve entre las colinas y los vientos barren la plana cargados de temores, escaséces e incertidumbre.

El tirador de la torre, regresó al valle con la idea de cavar una nueva trinchera donde resistir los malos tiempos, algunas personas más se protegerían allí aportando sus mermadas fuerzas para cavar, apuntalar y resistir las frías noches que tenían por delante. Llegado el momento, se acercarían unos a otros, y el soldado sacaría cajetilla de cerillas del bolsillo de su chaqueta, y tras elegir una, le prendería fuego.

En la caja ya quedan muy pocas cerillas pero reservarlas solo alarga la escasez.

¿Será este el momento de encenderla? O conviene reservarlas por si las cosas empeoran.

Nuestro soldado, no dudó ni un instante. Con un rápido gesto de la muñeca rasco el fósforo que se coronó con un aura ardiente, iluminando la penumbra. Y protegiendo su fulgor con la otra mano, la ofreció al resto del grupo.

Aquella noche, la torre del campanario, no escondía a ningún francotirador, y la llama que unió a unos cuantos, seguía brillando después de encender el último cigarrillo.