domingo, 29 de noviembre de 2009

BORIS ROTENSTEIN: Genio y Amigo

Parece anecdótico que un director ruso con prestigio i calidad internacional se haya convertido en un referente de la literatura rusa traducida e interpretada al catalán.

Ayer en el circulo de tu escenario con tú nueva obra nos volviste, como nos tienes acostumbrados, ha deslumbrarnos con tu genialidad. Mercè y Carlos dejaron de ser actores y se convirtieron en auténticos personajes de la mitología griega. Soberbio, magistral ese monólogo de Ismene-Hermana d’Antígona delante de ese joven oficial nos dejo pegados e inmovilizados en las sillas del teatro María Planas.

Como siempre más que un trabajo, fue todo un honor, colaborar contigo y estar a tus indicaciones una vez más en el estilismo de peluquería. Gracias por tu amistad y confianza en todos estos años, donde me has hecho descubrir, entender y amar el teatro profundo, y donde he tenido oportunidad de colaborar contigo y conocer a grandes actores que tú has descubierto y que hoy son importantes interpretes de la escena en este país.
Boris Rotenstein: Director-Actor-Genio-Amigo
¡¡¡Gracias por ser como eres!!!

No sólo podemos. DEBEMOS

Nos acercamos ya con paso firme y con la mirada puesta en el horizonte del final de este año 2011, un año de incertidumbre económica donde por una parte los políticos que dirigen el país intentaban eludir la palabra crisis, disfrazándola con guirnaldas de papel charol en colores esperanza y farolillos que desprendían pequeños destellos de luz que iluminaban a una borrasca, que por otra parte medios de comunicación, economistas y toda persona que analizase la situación sociopolítica a nivel mundial podía prever sin tener los dotes de la pitonisa Lola (la de las velas negras).

Hemos vivido una época, desde el 2001 cuando el atentado de las Torres Gemelas, donde un nuevo orden mundial se empezó a imponer y para mitigar su impacto empezó la fórmula de los intereses bancarios. Nunca endeudarse había sido tan barato. El pelotazo del tocho hacía nuevos ricos cada día y el consumo de bienes y de ocio crecía tanto ..tanto.. como el endeudamiento de las familias y sujetos de este país, que ya casi todos creíamos vivir en la magia interminable del mundo de Mary Poppins.
¡Que años más maravillosos!, donde ser paleta se cotizaba más que un cirujano; un electricista era considerado un iluminado; un fontanero tenía trato del capitán Nemo; un informático era buscado como a los dioses del Olimpo; los técnicos de los electrodomésticos, o “cambia piezas”, nos empezaron a enseñar que era más rentable comprar que reparar dado el volumen de sus minutas; cocineros que empezaron a tocar con las yemas de sus dedos el estrellato como auténticas estrellas mediáticas;…; y esto solo son algunos ejemplos de muchos oficios que empezaron a resurgir, aunque a todos había algo en común que los caracterizaba: las listas de espera, el precio hora, el tratamiento de usted, y si algo no estaba a tu gusto a la altura de la calidad exigida, callar y pagar, porque encontrar algo mejor o diferente sólo estaba al abasto de algunos pocos elegidos con el aura celestial.
Mientras todo esto pasaba en estos años de bonanza económica algunos oficios (pocos) se estancaban o daban marcha atrás. El nuestro, sin ir más lejos, aunque nos duela en nuestro orgullo profesional, no ha sido de los más favorecidos. Las causas yo creo que todos las sabemos. Me reitero a los artículos de esta misma revista durante este año de compañeras y compañeros que escriben muy sabiamente y con gran visión de los aciertos y desenfortunios de nuestra profesión, y de los míos propios, dando respuesta con objetividad, y en muchas ocasiones con dureza, pero siempre desde el cariño y el respeto que nos merece esta profesión.
Creo que está llegando el momento, con esta crisis que nos auguran hasta bien entrado el 2014, del resurgimiento de la peluquería española. La caída de bienes de consumo nos favorece: el que deje de ser un billete de avión a cualquier ciudad europea más barato que un servicio de peluquería nos hace más competitivos. Que la gente gestione mejor el poco dinero disponible les hará elegir un servicio con más calidad y una mejor durabilidad, ya que sus futuras visitas a los salones se verá reducida. Cuestión nuestra será estar a la altura de las nuevas demandas sociales que se están imponiendo. No todos tendremos cabida en este nuevo orden, como ya demuestra el cierre constante de muchos salones en nuestro país, pero los que consigamos sobrevivir un horizonte nuevo nos espera al final de esta crisis.
La duda en estas fechas de final de año es de sobra justificada. Con todo el remolino económico que azota nuestros negocios es humano hacernos la pregunta de si podemos subir los precios. No sólo podemos, DEBEMOS subir nuestras tarifas, sino el año que viene sería imposible mantener el nivel de calidad que nos exige el mercado debido a la constante inflación que estamos soportando, y la que nos queda por llegar. No subir los precios de los servicios es abaratarlos y por consiguiente bajar la calidad para que puedan salir las cuentas, lo que seria todo un error empresarial.
Reinventarnos a nosotros mismos y a nuestros locales es la primera fórmula.
Gestionar a nuestro estado de cuentas y recursos económicos de nuestros negocios, segunda fórmula.
Actuar con la cabeza, no con el corazón, al realizar nuestras compras y negociar con las casas comerciales o mayoristas para obtener un mejor trato comercial, tercera fórmula.
Sumar primero los costes de la calidad de nuestros servicios y aplicar después nuestro margen de beneficio para sacar el precio real que debemos tener para mantener nuestro nivel de calidad, cuarta fórmula. Si lo hacemos al revés: primero buscamos precio y después ponemos la calidad, difícilmente podremos aspirar a las fórmulas de progreso.
Y así, un sinfín de fórmulas para dar respuesta a esta crisis y salir de ella con la dignidad que nuestro trabajo merece.
Como veis hoy este artículo no es nada pesimista, sino todo lo contrario, y espero que el tiempo me de la razón. Cojamos con fuerza el timón empresarial y demostrémonos que:
“No sólo podemos. DEBEMOS”

¿Qué seria de (…) si no existiéramos?

“De los lejanos y fríos polos, nuevas corrientes de aire en pequeñas ondas, rizos y torbellinos empiezan a avanzar en altitudes donde sólo aves y pájaros de hierro son capaces de mezclarse siguiendo sus formas o rompiéndolas como si de fogatas de humo se tratara con mirada impasible al alejamiento lento, aunque constante, de nuestra fuente de vida, el astro sol. Todo ello empieza a inundarnos de cierto olor a húmedo fresco, a brotes de setas en nuestros campos y a estampas de hojas caídas en formas de alfombras cubriendo nuestras calles. Las sombras empiezan a caer cada día un poco antes recortándonos la luz del día, y las luces de nuestros negocios empiezan a tener el protagonismo iluminando nuestros espacios comerciales. El otoño ya lo tenemos aquí. De su mano nos trae el inverno, y con todo ello la nueva temporada cargada de novedades, propuestas, emociones, nuevas esperanzas y gritos de modernidad.

La lana, la seda, el algodón, el hilo y el nailon ya confeccionados salen de los talleres de los diseñadores directos a las pasarelas, donde cuerpos esbeltos, flacos, altos, con caderas, cintura y pechos bien proporcionados les darán vida y movimiento. Los cabellos, fieles seguidores a las corrientes que nos marcan los ritmos sociales de la nueva temporada, se preparan en sus formas primitivas para recibir las manos de los grandes peluqueros nacionales e internacionales. Les darán color, crearán volúmenes, se reinventarán nuevos rizos,… Los cortes serán, como siempre, los grandes protagonistas de la puesta en escena donde las manos expertas unidas al acero de las tijeras sobrevolarán el espacio aéreo craneal y crearán líneas y volúmenes como si de una escultura se tratara. Los medios de comunicación se harán eco de todo ello ensalzando el trabajo artesanal y creativo de los profesionales, siendo portada el ranking de los mejores peluqueros a nivel nacional e internacional. ¿Quién sabe? Si premios, como el Príncipe de Asturias, reconocerán la labor de un trabajo que lleva la expresión del arte.”
FIN
Perdonar mi atrevimiento, hoy, por contaros este relato, en parte real y en parte ficticia. Aunque exagerado en sus formas y fina expresión literaria, pero es que a veces se te va “la pinza” (hueso redondo que se lleva encima de los hombros y que científicamente le llaman cráneo) y no puedo dejar de soñar si alguna vez los peluqueros tendremos el mismo protagonismo que nuestros colegas (permitidme que los llame de esta manera ya que nosotros somos para ellos prácticamente invisibles) los diseñadores. Y creedme, no lo digo con ánimo de reproche hacia ellos. Nada les han regalado, y nada les regalan por estar donde hoy se encuentran. Nadie tiene la culpa de que los peluqueros (excluyendo a un grupo muy limitado) aún no hayamos encontrado la fórmula del alto prestigio social, a diferencia de nuestros amigos los cocineros o los anteriormente citados. Aunque a veces pienso…:
¿Qué seria de… esas pasarelas sin esas horas que nos pasamos, peluquería y maquillaje, en el backstage dejando a las modelos en un estado como si de una ITV se tratara para poder lucir la alta costura Petra Porter, etc.?
¿Qué seria de… esas alfombras rojas que pisan nuestras famosas luciendo esos maravillosos tejidos en forma de vestidos embutidos en esos cuerpos con tanta necesidad de jamón, sin un recogido o un estilo a medida de su look?
¿Qué seria de… nuestra monarquía en sus actos públicos y recepciones palaciegas, aunque algunos de sus estilos de cabello me recuerdan a aquel jarrón que regalaron a mis padres el día de su boda y que siempre ha convivido con la familia con sabor a rancio e impasible al tiempo y a las tendencias?
¿Qué seria de… nuestras novias y de su glamour, que la gran mayoría quieren sentirse princesitas por un día y que por muy buen vestido que lleven, aunque éste sea del mejor diseñador, necesitan nuestras manos y nuestra paciencia para recibir sus inseguridades y dudas durante meses, aguantando en la cercanía de la boda la histeria de mamá?
¿Qué seria de (…) si no existiéramos?

¿Os dais cuenta por un momento? Cerrar los ojos y pensarlo… ¡Veis como sí somos importantes! ¿Entonces, por qué no nos lo creemos? Empezar a valorarnos como lo que somos: creativos, artesanos y un colectivo con calidad técnica y artística de sobra demostrada, ya que los que no están dentro de esta parámetro el mismo mercado los irá eliminando (no la crisis económica ¡no nos engañemos!) tenemos el deber de luchar para las próximas generaciones, y entregarles un legado de prestigio y calidad profesional. Empecemos a hacerlo juntos y cambiaremos el rumbo de la historia.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

LA CLIENTA FIJA SEMANAL.... ¿ ÁNGEL O DEMONIO......?

¿ÁNGEL O DEMONIO? …

Hace unos días, después de una placentera e interesante reunión de antiguos compañeros de profesión, alrededor de una mesa redonda en casa de mi gran amigo el chef Juan Carlos Puig el cual nos conjugó la creatividad y la copiosidad de la cena, acabamos hablando de peluquería intensamente. Toda esa mezcla hizo que me marchara a dormir tarde y tal vez fue lo que me condujo a tener una pesadilla mas cerrar los ojos en la habitación del hotel.
Fue un sueño horrible, hasta el punto que cuando lo recuerdo siento un frío intenso que me recorre todo el cuerpo y me inmoviliza durante unos instantes. Soñé que tenía una peluquería pequeña, en una calle estrecha, en un barrio periférico de una gran ciudad y que pertenecía a ese gran grupo de autónomos con uno, dos o ningún empleado que la administración se empeña en llamarlos empresarios. Mi salón tenía muchos años de andadura y donde la inversión de mantenimiento y renovación había sido escasa, y los precios habían tenido una política de supervivencia. Todo para unas clientas fieles y maravillosas que me visitaban puntual y semanalmente, y a las cuales yo les debía respeto y agradecimiento. Me ofrecían seguridad económica, el sustento de mi negocio y de mi familia. Compartíamos unos de los milagros de la vida: el poder ir envejeciendo juntos.


De pronto sentí una gran sequedad en la boca que me llevó a medio despertar. Seguramente fue culpa del vino de la cena, el Tempranillo mezclado con Syrah que tomamos, tal vez un poco en exceso, me produjo este percance que resolví bebiendo agua y quedando de nuevo dormido al instante.
Sin saber como, estaba de nuevo sumergido en mí sueño. Como cada mañana fui a abrir la peluquería y dentro estaban todas mis clientas fijas semanales, capitaneadas por las más antiguas. Sus actitudes corporales, como sus expresiones faciales, me empezaron a dar miedo: la señora María me gritaba con una voz ronca y un volumen estridente porque había subido el servicio más de un euro y empezó a arrancarme gran parte de mis cabellos; la señora Carmen me arrancó dos dientes porque este mes la había hecho esperar dos veces; la señora Jordá me extraía un riñón con su propia mano porque la semana pasada no le duró el peinado; la señora López me sacaba el corazón de cuajo porque cuando la peinaba a veces me distraía y hablaba con otras clientas. Yo ya en el suelo, vi como mis clientas fijas semanales se me abalanzaban y me comían trozo a trozo. Yo que había dado toda mi vida por ellas: comuniones, bodas, domingos, fiestas de guardar, dedicación, sumisión, psicología, confesión,… tal vez esa fuera mi última reflexión antes de desaparecer entre todas mis clientas fijas semanales.
Noté que el sudor empapaba todo mi cuerpo y gracias a ello pude despertarme y salir de esa horrible pesadilla. En esos momentos, no sabía distinguir entre los ángeles de la primera etapa o los demonios de la segunda.
Yo viajo semanalmente por toda España, escuchando y compartiendo los problemas de profesión, y en todas partes, al final, son los mismos, llegando a la conclusión que unos de los males de la pequeña peluquería en este país es la clienta fija semanal: porque no nos deja crecer, no nos deja subir precios, no podemos dejar un día el salón, no podemos crear equipos porque nos quieren en exclusiva y no aceptan a nadie del exterior. Se creen las amas de tu negocio y muchas veces de tu propia persona.
La solución es crear peluquerías técnicas donde prive la calidad a la cantidad. Dejemos las grandes masas para las grandes empresas, ellas seguro que sabrán sacarles rentabilidad. Nosotros, los pequeños, debemos ser peluqueros de autor para recibir una clientela urbana y cosmopolita, entonces podremos empezar a cobrar un precio real para la supervivencia digna de la peluquería española.


Mi agradecimiento a mis demonios. Sra. María, Sra. Carmen, Sra. Jordá, Sra. López y tantas otras, porque gracias a ellas pude empezar a caminar en este mundo de la peluquería. Gracias a los que me ayudaron a tener el valor de ir eliminándolas poco a poco y dar la bienvenida a mis nuevos ángeles, porque gracias a ellos soy una persona valorada, cotizada y feliz de ser lo que soy: “un peluquero”

JULIÁN GIJÓN